Vito Dumas y sus Cuarenta Bramadores

Vito Dumas sabía sobre las enormes dificultades que prometía su singular aventura: cientos de cartas náuticas, bitácoras, testimonios, experiencias propias y ajenas estaban ahí cerca para decírselo con esa cruda soberbia que cargan aquellas cosas que uno toma como verdad absoluta. Sin embargo, no fueron determinantes a la hora de tomar la decisión más arriesgada de su vida: ser la primera persona en dar la vuelta al mundo, solo, en un pequeño velero de 9,5 metros de eslora (largo) por la ruta más peligrosa, llamada “Los Cuarenta Bramadores” –nombre que recibió tanto en honor al paralelo que la determina como a la ferocidad de los vientos allí reinantes.

Qué es lo que pasa por la mente de un hombre que decide emprender semejante periplo en la década del ’40, época en donde los elementos de navegación no iban más allá de una brújula y un sextante, en donde imaginar algo parecido a un GPS hubiera sido la elaboración de alguna mente insana o fantasiosa, sólo puede ser entendido por aquellos que no le temen a la posible muerte que implican ciertas aventuras. Y tal vez es por ese motivo que suena tan lejana e imposible su explicación: “La juventud necesita un ejemplo”.

Con esas simples palabras Dumas nos aclaró el motivo que lo llevó a dejarlo todo para embarcarse, literalmente, en un viaje casi imposible: sintió que podía estampar su hazaña con un mensaje valioso, dedicado exclusivamente a esa juventud argentina que debía tener siempre presente que las cosas más importantes en la vida siempre sólo se consiguen con esfuerzo y confianza en uno mismo.

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Su empresa lo convirtió en pionero, en héroe, en uno de los deportistas más destacados no sólo de la Argentina, sino del todo el mundo.

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