Cuna de cultura

El espectáculo lo abrió el tenor de mayor prestigio por esos días: el italiano Enrico Tamberlik, quien antes de brindar un show excepcional se animó a cantar unas estrofas de Himno Nacional. Luego fue el turno de la ópera: La Traviata de Verdi -obra que se estrenó en Venecia en 1853 y que sólo 4 años después llegó al país.

Ese fue el punto de partida. En lo sucesivo, una cantidad ingente de célebres artistas internacionales (generalmente italianos y franceses) se destacarían en el escenario del Colón; sólo en el año de su inauguración se cantarían 15 óperas.

Final abrupto

Sin embargo, en este nuevo edificio no todo fue “color de rosas”. La cantidad de dinero gastado para levantar el coloso fue gigante, así también como el presupuesto para mantenerlo. Ya en la segunda función Sarmiento se quejaba porque el precio de las entradas había subido al doble, y que por ese motivo la sala estaba a la mitad de su capacidad.

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Al final, fue tan difícil mantenerlo que no terminó siendo un buen negocio. A sólo 31 años de su apertura, el 13 de septiembre de 1888 el Teatro Colón cerraba sus puertas. Otelo fue la última obra presentada. Parte de su elegante estructura serviría de base para construir el Banco Nación. Así la Argentina ganó un banco (que de seguro generaría más dinero y atraería más atención) y así perdió una joya única. No se pensó en conservarlo ni como museo, ni como sala lírica, ni como dependencia estatal.

Pero ya se había aprobado la construcción de un nuevo y más sofisticado teatro: el Colón actual, institución que hoy en día es noticia no por las obras que allí se llevan a cabo sino por conflictos gremiales y quejas sobre los errores en su reciente refacción.

El Colón original fue impactante, y mucho más que un teatro. Fue un lugar en donde se congregaba la alta sociedad porteña, en donde las muchachas podían sacar a lucir sus joyas, perfumes y ropas para llamar la atención de los caballeros. Un lugar que desde el centro mismo de la ciudad le dijo a todo el mundo que había comenzado a trazar su historia cultural y arquitectónica, aunque de eso, a veces, sólo queden viejas fotografías.

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